miércoles, 25 de enero de 2012


Asco e indignación ante lo que han firmado UGT y CCOO


 Insurgente

El acuerdo al que han llegado UGT y CCOO con la patronal supone un nuevo revés para los intereses de los trabajadores. Arrogándose la representatividad de millones de personas firman lo que es en la práctica una congelación salarial y una rebaja drástica de derechos.

La necesidad de mantener las estructuras económicas de los dos sindicatos, le llevarán una y otra vez a aceptar lo que disponga el gobierno de turno y los empresarios a los que, por cierto, no se les considera ya la clase enemiga sino unos agentes sociales necesarios para dialogar y consensuar acuerdos democráticos. Todo esto no es grave porque es lógico. 

 Más doloroso resultará ver a trabajadores en conflicto, en paro, en ERE´s… tras una pancarta con los logos de UGT y CCOO, los mismos que acaban de traicionarlos firmando que la crisis del capitalismo la tienen que pagar los asalariados, y que la estrategia pasa por darles estímulos (más beneficios) a los empresarios para que “produzcan riqueza” y que consigan que el capitalismo vuelva a dar alegrías.

 La agudización de la crisis provocará de un modo irremediable un duro enfrentamiento de clase. Estos dos sindicatos harán de contención de la gente más golpeada por la crisis que saldrá a las calles a desahogar su ira social, CCOO y UGT estarán situados en la trinchera enemiga diciendo aquello de cuidado con la violencia y busquemos el diálogo en una mesa de negociación (con zumos y pastelitos).

 Por eso habría que enterrar de una vez las frases hechas disfrazadas de argumentos, que se escuchan todavía en alguna izquierda: "que hay que dar la batalla dentro del sindicato" (un entrismo trasnochado y ya superado por la realidad), "que hay bases rescatables y válidas" (¿se manifestarán esas bases pública y masivamente contra Toxo y Méndez y el resto de la cúpula sindical por lo que acaban de perpetrar?) o "que hay que estar donde está la clase obrera" (que fundamentalmente está en su casa por asco precisamente a esos dos sindicatos del régimen), porque en el fondo y la forma decir eso es trabajar para parálisarnos, para impedir que nos agrupemos todos en sindicatos de lucha, alejados de subvenciones y ayudas que, como acabamos de ver, sirven para que luego el sistema les pida la firma y el “liberado” de turno aplauda porque asegura su mensualidad.