lunes, 22 de abril de 2013


1º de Mayo: Ni un paso atrás. La lucha continúa



 La crisis del sistema capitalista es más que evidente en este 1º de mayo de 2013, Día Internacional de los Trabajadores, así como el carácter clasista e internacional de una sociedad donde los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres.  

La agresión de la burguesía contra los y las trabajadoras, aletargada en el estado español en los primeros años de la transición mientras la correlación de fuerzas les fue algo favorable, ya se ha despojado de todas sus máscaras y se ha lanzado al despojo de todo lo conseguido durante muchos años de luchas obreras. No solo en el estado español, la clase obrera europea está sufriendo en estos momentos la mayor agresión de su historia por parte de la patronal encabezada por unos gobiernos, liberales en unos momentos, socialdemócratas en otros, que no tienen reparo en legislar contra los intereses de la mayoría de la población.

La situación de la clase trabajadora en el estado español se está volviendo insoportable: más de cinco millones de parados, continuos Expedientes de Regulación de Empleo, cierres de empresas, impago de nóminas, aumento de la presión fiscal solo a las rentas del trabajo, recortes en los servicios públicos, pérdidas de derechos básicos, desahucios, contrarreformas laborales… Elementos que están creando una situación de miseria y cuyo causante es la patronal y los gobiernos de turno instrumentalizados por los grandes especuladores y que exigen de este 1º de mayo que sea una jornada para que las trabajadoras y trabajadores de este país tomemos conciencia de la situación política y económica para hacerle frente.



La gran movilización de la Huelga General del 29 de setiembre de 2010, que debería haber significado un punto de inflexión en la defensa de los derechos económicos, laborales y sociales de la clase trabajadora, se diluyó por la complicidad de los sindicatos del sistema con la firma, unos meses después, del Acuerdo sobre las Pensiones que rebajaba las futuras pensiones en un importante porcentaje bajo la falsa excusa de la viabilidad del Sistema Público. A su vez, y con un descaro vergonzante, se rebajaron un 2% las cotizaciones de los empresarios a la Seguridad Social. Meses después, estas mismas organizaciones sindicales firman el II Acuerdo Interconfederal para la Negociación Colectiva y el Empleo que vuelve a regular, a la baja, las condiciones laborales. Regulaciones que, en línea con todas las anteriores, tienen un único objetivo: aumentar la explotación de los trabajadores y trabajadoras.

Por un lado se recortan los derechos adquiridos por los trabajadores. Por otro, se recortan y privatizan los servicios públicos. Las embestidas contra la Sanidad Pública, la Educación Pública, los Servicios Sociales… siguen la política coordinada desde la capitalista Unión Europea de los mercaderes que lo entienden como otro segmento del mercado de donde sacar beneficios. Políticas que se iniciaron con los recortes presupuestarios, continuaron con el deterioro de la calidad de los servicios, la criminalización de los trabajadores y el falso y cínico continuo martilleo mediático de que es mucho más eficaz la gestión privada. Aunque la consecuencia no es otra que la pérdida de unos servicios públicos sufragados por todos y la necesidad de tener que pagar de nuevo para poder acceder a esos servicios ya privatizados y acaparadores de riqueza. Al tiempo que los trabajadores públicos ven recortadas sus contrataciones, sus sueldos y sus derechos convirtiéndose la propia Administración Pública en otro elemento en manos de la patronal causante de la profundización de la crisis.

Y en estas claves se debe analizar el momento histórico que nos está tocando vivir como clase trabajadora. La nueva Reforma de las Pensiones de 2013 sigue la línea de recortes de los servicios públicos y el abandono a los pies de la patronal de unos recursos generados durante toda la vida laboral; la congelación de las tasas de reposición de los empleados públicos y el robo de parte de sus sueldos para pagar el rescate de la banca; el endurecimiento de las condiciones de acceso a las prestaciones de los trabajadores desempleados; la no revisión del IPC anual de los pensionistas; la verdadera trata de blancos en las zonas rurales que han convertido la libre circulación de ciudadanos de la Unión Europea en un fraude social que enriquece a manijeros sin escrúpulos y a la Política Agraria Común en una nueva forma de trasvase de capital hacia los grandes terratenientes; las mafiosas redes de distribución de alimentos que explotan a los agricultores, vacían los bolsillos de los consumidores y, en su lógica de obtención rápida de beneficios, prefieren deshacerse de los excedentes de alimentos mientras la población pasa hambre; la criminal política de los bancos que, sin ningún tipo de escrúpulo, siguen desahuciando de sus viviendas a la clase trabajadora sin importarles que se traten de niños, ancianos, personas con minusvalías o que la presión ejercida sobre estas personas termine con suicidios que tienen que ser calificados como asesinatos.

Mientras a la clase trabajadora se le exige sacrificio tras sacrificio para satisfacer las aspiraciones espurias de más acumulación para los más ricos, asistimos con verdadera indignación a un nuevo brote verde de la corrupción. Una corrupción inherente al sistema capitalista, que por su carácter siempre está presente pero que, mientras ha existido bonanza económica y sobres para todos, ha permanecido oculta. Pero el financiamiento en negro es un secreto a voces y moneda de cambio entre los partidos del capital, los sindicatos oficiales y la propia jefatura del estado, principio y origen de un sistema incapaz de funcionar sin este tipo de tejemanejes, y que salpica de una manera o de otra a todos los que están colaborando con él. El propio empresariado, elemento corruptor por antonomasia, aparece enfangado hasta el cuello con comisiones ilegales, financiamientos ilícitos y concesiones públicas a dedo.

Desde las organizaciones que formamos la Coordinadora Sindical de Clase entendemos que es necesario, en primer lugar, denunciar el continuo trasvase de recursos de las rentas del trabajo a las rentas del capital. Pero que es necesario aportar a la clase obrera soluciones para una salida obrera a la crisis y la superación del capitalismo por ser un sistema autodestructivo. Las propuestas de la burguesía solo aportan más paro, más miseria y más enriquecimiento para los suyos.

Queremos la nacionalización de la banca que estamos pagando entre todos los trabajadores, trabajadoras, ciudadanos y ciudadanas de las rentas del trabajo; y, por tanto, persecución y encarcelamiento de todos los que se hayan enriquecido a costa de ello; trabajo para todos y todas; reducción de la jornada laboral; reposición de los derechos de las trabajadoras y trabajadores mediante un estatuto obrero, reposición y mejora del Sistema Público de Pensiones; Enseñanza Pública y sin subvenciones para la Iglesia; Sanidad Pública; paralización de los desahucios; recuperación de la actividad económica de servicios para el Sector Público; nacionalización de los sectores estratégicos de la Economía (Transporte, Energía, Telecomunicaciones, la tierra…); reforma del Código Penal estableciendo medidas contra la corrupción de los empresarios así como la exclusión total de la vida pública y de las estructuras del estado de los corruptos.

El sindicalismo de clase que representa la CSC y todas sus organizaciones es la única alternativa para recuperar la dignidad de los trabajadores tras tantos años de retrocesos. Porque no solo hay que recuperar esa dignidad sino también la confianza de la clase obrera en sus organizaciones tras el desbarajuste provocado por los sindicatos incrustados en el sistema y a los que se ha pegado todos los vicios y perversiones de ese mismo sistema. En contraposición al pacto social que nos ha abocado a esta situación entendemos las relaciones como de clases enfrentadas y, por tanto, de contraposición al capital. Continuamos reivindicando la Huelga General como herramienta frente al pactismo, entendida de forma opuesta a la manera del sindicalismo colaboracionista que ha pervertido su uso para utilizarlo como forma de presión para continuar negociando. No hay negociación posible con quien pretende aumentar la explotación de la clase obrera. Una herramienta que no solo nos hará recuperar lo que es nuestro, a la vez que servirá al desarrollo y concienciación de clase que nuestra sociedad tanto necesita.

Por eso invitamos a todos los trabajadores y trabajadoras a acudir con nosotros a la manifestación del 1º de mayo que, en distintas ciudades, convocamos. Ninguna lucha de los trabajadores ha significado un fracaso, la única fracasada es la que nunca iniciamos.

Viva la lucha de la clase obrera.