lunes, 18 de mayo de 2015


Otro crimen de la sobreexplotación capitalista

Extremadura: El joven que murió de un golpe de calor llevaba diez horas trabajando

Por Evaristo Fernández desde Badajoz

La temperatura superaba los 35 grados cuando se disponía a cavar una zanja para enterrar una tubería de riego. Juan Francisco Díaz Gil tenía 32 años cuando el miércoles le sonó el despertador. Como tantos otros días, su puesto de trabajo le esperaba en una finca próxima a Gévora.

Vecino de Olivenza, Juan Francisco tenía que recorrer 30 kilómetros para llegar a la parcela en la que debía estar a las 7.30 de la mañana. Años atrás había trabajado en la construcción, pero ahora formaba parte de una cuadrilla compuesta por una docena de hombres que, en su gran mayoría, eran vecinos suyos.

Agricultores de profesión unos, trabajadores de la construcción reconvertidos en operarios agrícolas otros, todos se desplazaban a diario a alguna de las fincas de la empresa Lola Fruits S.L. dedicada al cultivo del tomate.

Pero el miércoles 13 de mayo no fue un día normal en Gévora. Las temperaturas subieron muy por encima de lo habitual y sus compañeros de trabajo aseguran que se rozaron los 40 grados. «De pronto empezó a ponerse rojo y a decir que se encontraba mal. Nos pidió ayuda, pero el pobre se quedó en el camino».

Quien contaba a HOY lo sucedido es uno de sus compañeros de trabajo. Hablaba entero, pero en su rostro se reflejaba el dolor de saber que uno de sus compañeros de cuadrilla se ha marchado para siempre.

El Centro de Urgencias y Emergencias 112 de Extremadura ha confirmado que la llamada de alerta entró a las 18.09 horas. En ese momento se requirió la presencia de una ambulancia para socorrer a un joven que había sufrido un mareo mientras trabajaba en el campo.

La ambulancia se puso en camino, pero los compañeros de Juan Francisco supieron desde el principio que su situación era grave, por lo que decidieron montarlo en la furgoneta del encargado para llevarlo a la rotonda que conecta la carretera de Cáceres (Ex-100) con la pista asfaltada que lleva a las Casas Aisladas de Gévora. En ese lugar lo recogió la ambulancia medicalizada del 112, pero su situación era grave y el joven agricultor terminó falleciendo como consecuencia de la insolación que había sufrido.

Para entender lo ocurrido es preciso situarse en el lugar en el que ocurrieron los hechos, una enorme finca de riego de 112 hectáreas en la que crecen tomateras que apenas levantan 30 centímetros del suelo. El lugar se ubica junto al arroyo Enviciados y fue allí, bajo un sol implacable, donde Juan Francisco se disponía a abrir una zanja con su zacho para enterrar unas tuberías de riego.

A esas alturas del día ya debía llevar diez horas de trabajo, soportando un calor asfixiante que terminó por hacerle mella. «Llegó, cogió el zacho, se puso a trabajar y de pronto empezó a ponerse muy rojo y a pedir ayuda».

Consternados aún, sus compañeros volvieron a viajar ayer desde Olivenza para incorporarse a sus puestos. Pero a primera hora de la mañana se presentaron los inspectores de trabajo para elaborar un informe sobre lo sucedido. Fuentes de la Delegación del Gobierno confirmaron que se trata del modo de proceder habitual cuando se produce un accidente laboral.

Según han explicado fuentes conocedoras del suceso, en el momento de producirse los hechos la cuadrilla que trabajaba en la finca estaba compuesta por unos 13 o 14 trabajadores que reciben unos 6 euros por cada hora de trabajo que realizan. «Lo suyo sería que se llevaran ese jornal con ocho horas de trabajo, pero aquí tienen que estar once o doce horas. Mientras más horas trabajan, más ganan».

HOY contactó durante la tarde del jueves con la empresa para la que trabajaba el fallecido con la intención de contrastar los datos recabados en el lugar del suceso, pero la firma no ha hecho ningún tipo de comentario sobre lo sucedido.

El funeral de Juan Francisco Díaz Gil fue oficiado el jueves por la tarde en la localidad de Olivenza.