martes, 10 de noviembre de 2015


Entrevista a Paco Moro


El Día de Córdoba

A sus 53 años, lleva más de tres décadas metido de lleno en la actividad sindical y ha colocado a su organización como la más representativa en el Ayuntamiento de Córdoba

TRANSMITE tranquilidad y su tono pausado no les resta contundencia a sus afirmaciones, casi siempre críticas con los poderosos y sin olvidar que su objetivo es transformar la sociedad. Empezó en esto muy joven, cuando apenas tenía 15 años y su paso por la Universidad Laboral le marcó para rebelarse contra lo que cree injusto. Se define a sí mismo como "un trabajador que ha dedicado toda su vida a luchar. Siempre he tenido inquietud social para intentar cambiar la

sociedad porque me parece que no es justa y tengo la honra de que, allá por donde he ido, he trabajado", asegura.

-¿Cuándo empieza en esto del mundo sindical?

-En esto no se empieza, sino que se nace. Cuando tenía 14 o 15 años me surge la rebeldía contra las injusticias sociales. Yo tuve la suerte de entrar en la Universidad Laboral prácticamente en el año en el que murió Franco, y mientras que en el resto del país estaban cambiando algunas cosas, allí no. De ahí nace la necesidad de organizarse.

-¿El sindicalismo está en horas bajas?

-Vamos a ver, ¿la lucha de clases está en horas bajas? No. Porque existe la necesidad de sobrevivir. El trabajador necesita un sueldo para poder comer todos los días y el empresario saca una plusvalía de ese trabajo, por lo que en esa relación hay una guerra intrínseca y por eso existe la lucha de clases, que es de donde sale la organización sindical. Ahora bien, ¿está debilitada la organización sindical? Muchísimo. Yo siempre digo que si Franco levantara la cabeza estaría satisfecho de la imagen que tiene la sociedad de las organizaciones sindicales en general, porque están demonizadas. Los sindicatos están en horas bajas, pero con la responsabilidad de quienes han dirigido el movimiento obrero y que se han convertido en academias de formación para entrar en la Administración en lugar de luchar de verdad por los derechos de los trabajadores.


-O sea, que se ha dejado a los trabajadores a un lado.

-Totalmente. La propia configuración organizativa de las grandes centrales sindicales así lo demuestra. Las uniones locales han desaparecido y están funcionando como las grandes empresas, como multinacionales, con delegaciones provinciales. El contacto directo con los trabajadores ha pasado para ellos a un segundo plano.

-Y usted se rebela contra eso.
-Si no fuera así no hubiéramos creado este sindicato hace más de 30 años.

-A usted no le gusta la palabra pacto, prefiere decir acuerdo.

-No me gusta la palabra consenso, ni pacto, porque forman parte y nacen de un periodo político como es la Transición que no refleja la realidad histórica, porque fue más que nada una sucesión. El consenso significa el acuerdo político y sindical de todos los agentes que participan en la vida política del país. Los trabajadores podemos llegar a acuerdos, pero no al consenso unánime en el que hipotequemos la movilización. Eso no. El movimiento obrero está en cambio constante.

-Y el pacto también supone silencio por parte de sus actores.

-Por supuesto que sí. Significa silencio y subvenciones y colaboración con el sistema, con una política pactista. Significa dejar de lado unas aspiraciones. Están los Pactos de los Moncloa, que paren un modelo económico, político y un modelo de representación sindical y eso trae las reconversiones industriales o el despido libre no gratuito.

-Pero no todo sería malo, porque la situación de los trabajadores sí ha mejorado.
-Vamos a ver, las condiciones laborales han mejorado en algunos sitios, sobre todo en la Administración, pero hoy aún te encuentras cuadrillas del campo que van a trabajar, a las que deben cinco días y que no hay manera de cobrarlos aunque te tires dos años en las puertas de los juzgados para demostrar que te lo deben. Ha mejorado evidentemente la libertad de expresión, aunque cada vez más limitada. Pero sí es verdad que hay muchos trabajadores que no pueden expresar en su empresa ni lo que piensan ni protestar por sus condiciones, porque si no son despedidos inmediatamente. Hemos mejorado, pero seguimos muy atrás.

-¿CTA es un sindicato radical?

-Yo entiendo que no. Somos un sindicato que analiza la realidad con los medios que tiene y eso no es radicalismo. Llevamos 30 años organizando movilizaciones y actos de protesta y de hecho algún año hemos sido la entidad que más actos ha convocado y sin embargo nunca ha habido ningún problema ni altercado. Somos una organización que aparte del trabajo del día a día quiere que cambien las estructuras sociales y políticas de este país, y a ser posible en el mundo entero. Nosotros no estamos fuera del marco jurídico actual. Mire, en 2012 organizamos una huelga en el Bajo Guadalquivir en la que tomaron parte 6.000 trabajadores y hasta el subdelegado nos felicitó por cómo había ido todo. Claro que yo no lo felicité a él, porque nos puso 300 guardias civiles y nos multaban con 300 euros si pisábamos una acera.

-¿Cómo lo hace para que su sindicato sea el más representativo en el Ayuntamiento de Córdoba?
-Es muy difícil porque el Ayuntamiento ha cambiado mucho y antes eran mayoritarios los servicios de oficio. Ahora han ganado los Servicios Sociales, la Participación, la Policía Local. Esa evolución del Ayuntamiento cuesta a los que llevamos más años pero hemos dado respuesta con un trabajo sistematizado y si me permite hasta valiente ante las políticas de destrucción de servicios públicos o de expedientes de regulación como en el anterior mandato. Puede ser que nos hayamos equivocado en algo, pero hemos trabajado, y eso lo percibe la gente. Aquí no venimos a distraernos.

-Y todo ello siguiendo siempre la misma línea, ¿no?
-Eso también lo valora la gente. Nosotros tenemos afiliados de distintos partidos, pero la posición del sindicato, con un gobierno o con otro, es la de mantener una línea con un respaldo ideológico detrás y con unos objetivos. Es más, si yo le digo hoy que los motivos que nos llevaron a organizar la huelga del 13 junio con el anterior Gobierno siguen vigentes es porque es una realidad constatable y podemos mirar los papeles para ver por qué convocamos y que nada se ha solucionado. Eso yo creo que la gente lo aprecia. Ha habido un reconocimiento a la labor hecha.

-¿A usted le han desilusionado los políticos?
-Por aquí pasa mucha gente y si luego viéramos el cuadro de todos, veríamos que políticos reales por el Ayuntamiento han pasado pocos. Yo creo que Julio Anguita y poco más. Y no es que yo tenga mucha simpatía por Anguita, aunque tampoco le rehúyo. Él llegó y remunicipalizó los servicios como autobuses, limpieza o Hacienda. Eso es hacer política. Hacer política no consiste en llegar y encontrarse con un presupuesto de 480 millones de euros, del que el 80% está ya gastado, y buscar salir en la foto. Eso no es hacer política. Hay que tomar iniciativa, buscar inversores, en fin, otras cosas. En el Ayuntamiento, y los políticos en general, se acomodan, porque la Administración es amable, aunque a algunos es verdad que les falta capacidad. Si tú te dejas caer en manos de la Administración tu situación es plácida y, como yo digo en ocasiones, los políticos a veces son más funcionarios que los propios funcionarios. Muchas veces hasta se intercambian los papeles y resulta que los altos funcionarios hacen más política que los propios políticos.

-¿Qué le ha desencantado del actual cogobierno de PSOE e IU?

-Pues lo mismo que siempre que gobierna la izquierda en muchas instituciones de este país. Aquí se promete un cambio y a veces hasta se le pone un apellido, el cambio amable, creo. Pero mire usted, el cambio hay que verlo y lo que ha cambiado hasta ahora es el talante, pero poco más. No se ha visto aún. El cambio no es una nube que está ahí, sino que se come y se respira con la economía y la transformación social. Nosotros tenemos empeño en una cosa, que es dotar suficientemente de personal el Ayuntamiento para prestar los servicios y que no tengan que venir ni Florentino Pérez ni otros a hacerlos. Y en eso no se ha notado nada hasta ahora. Sabemos que con este Gobierno vamos a tener dificultades porque le vamos a exigir que cumpla con el cambio prometido. Y si hay lentitud en las decisiones, nos las tendrán que explicar.

-¿Hay más gestos que otra cosa por parte del cogobierno?
-Sí, bueno. Gestos tampoco es que haya muchos. Ha cambiado la forma de hablar, de expresarse, aunque sí es cierto que todo el operativo que había dejado el Gobierno anterior con el alumbrado público (que es un tema muy serio en el que la ciudad se iba a gastar 73 millones de euros) o algunos otros pliegos se han desactivado. Pero para que eso se supla hay que tirar de bolsas de trabajo y hacer una serie de cosas que no estamos viendo todavía.

-Cuando le dicen que lo público es caro....
-Eso no es cierto. Lo público es más barato. El servicio público, que cada vez tenga más conciencia de que es eso, un servicio público, debe ser bien gestionado. Un ejemplo: ¿la ciudad se mantiene o se cambia? Si tienes un mantenimiento, este año tendrás que cambiar 50 farolas, el año que viene otras tantas y así. Pero si no haces mantenimiento, cuando te venga la avalancha tienes que cambiarlo todo y es ahí cuando viene el déficit, cuando se habla de que eso no se puede asumir y que hay que generar deuda. ¿Pero eso se hace de forma premeditada para que haya unos intereses? Eso son políticas y a veces no se habla de eso a los ciudadanos.

-¿Los políticos son mediocres?
-Yo les pondría de un cinco hacia abajo. Yo creo que sí. Hace ya mucho tiempo que no despunta una cabeza que, además de inventar políticas, sea valiente. Yo creo que en general no están bien formados y muchos no están muy pendientes de la realidad.

-¿Qué necesita Córdoba?

-De manera urgente, convertirse en una ciudad semiindustrial. Y además de eso, canalizar su potencial agroalimentario. Necesitamos unos servicios públicos eficaces para la ciudadanía. Lo que no puede ser es que año tras año se hable de eso que llaman pacto por la ciudad, al que llegan CCOO, UGT, CECO y el Ayuntamiento tras firmar un pacto que es igual que el que había antes, y el anterior, y el de más para atrás; y si esto no evoluciona, pues ya me dirá usted. ¿De qué vive Córdoba? De la enseñanza, de la sanidad y del Ayuntamiento en cuanto a empleo y generación de riqueza. No producimos, nos hemos convertido en una ciudad administrativa. Y eso trae como consecuencia un 51% de paro juvenil y más del 30% en la ciudad y a eso nadie le echa cuentas. Da la sensación a veces de que solo sabemos recaudar y gastar, pero inventar o hacer cosas, crear, exportar, eso no. En eso hay también mucha responsabilidad política.