lunes, 29 de abril de 2019


1º DE MAYO 2.019 ¡POR LA UNIDAD DEL SINDICALISMO DE CLASE EN EL ESTADO ESPAÑOL!



El Comité de la Federación Sindical Mundial (FSM) en el estado español saluda con motivo de este gran día a todos los obreros que viven, trabajan y luchan en cada rincón del mundo. En el día de hoy, Primero de Mayo, día de la clase obrera, conmemoramos los luctuosos hechos de Chicago de 1886 donde la clase obrera derramaba su sangre luchando por  conquistar derechos, como era la jornada laboral de 8 horas. Hechos que se produjeron en un periodo histórico donde la clase obrera ya había iniciado su camino, que todavía hoy persiste, por la conquista del progreso social que no es otra cosa que la emancipación de la humanidad  de la explotación capitalista, bajo el impulso que supuso para la clase obrera la experiencia de la Gloriosa Comuna de París en 1871 y la posterior gloriosa instauración del socialismo en muchos países del planeta gracias a la Revolución en la Rusia de 1.917. 

El Primero de Mayo tiene un enorme significado para la clase obrera pues conjuga, por un lado, la necesidad de la unidad y la organización para combatir a la burguesía, al criminal imperialismo y sus políticas fascistas y, por otro, es la constatación de la heroicidad de nuestra clase, que generosamente ha luchado y, con su sangre, ha esculpido las páginas más hermosas de las escritas en el libro de la Historia, las páginas del progreso social, de la justicia y de la emancipación de la humanidad de la explotación y la barbarie capitalista, arrancando conquistas básicas (vacaciones, jubilación, jornadas reducidas y flexibles, derecho a la negociación colectiva, contratos fijos indefinidos, cobro del paro, sanidad y enseñanza pública gratuita y de calidad, etc.) que hoy las multinacionales desean hacernos perder. 

El Primero de Mayo nos debe hacer reflexionar a los obreros del tremendo legado y experiencia de lucha  que nuestra clase atesora y nos debe enseñar que el proletariado, y con él la humanidad, únicamente ha avanzado, y que el mundo ha progresado cuando nuestra clase se ha involucrado en primera persona en la lucha contra la burguesía; nos debe recordar que cada derecho y que los espacios de libertad popular no han sido dádivas de la burguesía sino que han sido conquistados gracias a la generosa lucha del proletariado organizado.  

La historia ha acreditado la naturaleza criminal de la burguesía y nos ha enseñado que ésta hoy supone un obstáculo, un freno objetivo, para el desarrollo de las fuerzas productivas, para el avance de la humanidad. 

Las  medidas adoptadas por los gobiernos títeres de los monopolios para superar la crisis económica que azota al mundo desde hace más de una década han profundizado todavía más la crisis del sistema capitalista. Lo que ayer era un pinchazo de la burbuja inmobiliaria que afectaba a la banca hoy se perfila como el pinchazo de la burbuja de la deuda de los estados, que con unas deudas exorbitadas e impagables se hallan en quiebra, en bancarrota. 

La única salida que tiene el capitalismo putrefacto que rige el mundo no es otra que la guerra imperialista, la agudización de la explotación acrecentando, todavía más, la injusticia y la desigualdad y liquidando por completo los escasos derechos que aún mantiene el proletariado; es decir, al moribundo capitalismo para subsistir únicamente le queda el fascismo. 

En sus ansias por sostener las tasas de apropiación de plusvalía, la burguesía se ha lanzado hacia la automatización de la producción y de sus procesos productivos, al objeto de acrecentar la producción disminuyendo el factor trabajo pensando que, de esa manera, al incrementar la producción mediante la fórmula de tirar a la cuneta de la pobreza a centenares de millones de obreros, la plusvalía obtenida se multiplicará exponencialmente y los costes laborales se reducirán. Sin embargo, con esto, lo que hacen los capitalistas es ajustarse todavía más la soga al cuello, pues al incrementar la producción y arrojar a más trabajadores al desempleo lo que conseguiran es saturar todavía más el mercado y expulsar a trabajadores con capacidad para adquirir las mercancias y/o servicios producidos. 

El estado español no es una excepción a la dinámica capitalista-imperialista, de tal modo que en política exterior estatal es el apoyo al golpismo, al fascista Trump y de sometimiento pleno al imperialismo europeo que es la Unión  Europea, como se comprueba con el reconocimiento de Guaidó en Venezuela, y la guerra imperialista, de tal modo que el gobierno del PSOE ha incrementado el gasto militar, tal y como le exige Trump, teniendo el ejército español desplegados más de 2.500 militares en 15 países de los 5 continentes. En política interior, el estado español es fascismo reflejado en sus políticas de represión a la clase obrera, como es la ley mordaza; es negación de los derechos democráticos de las naciones – como Cataluña, Euskadi o Galicia -; son políticas laborales y económicas antiobreras – reforma laboral y pensionazos -; es el ataque frontal a los servicios públicos – sanidad, educación, dependencia, etcétera - y es el sometimiento absoluto del estado a los monopolios, todo ello apoyado por el amarillismo sindical de CCOO y UGT.     

Esta realidad que vivimos únicamente puede ser transformada por el pueblo organizado en torno a la clase obrera, organizándose ésta en los centros de trabajo y territorios, ensanchando la fuerza del sindicalismo de clase; instrumento económico y político de la clase obrera que debe ser capaz también de aglutinar en torno a ella la lucha de todos los sectores sociales de nuestra clase como es la lucha de los pensionistas, de los estudiantes, de la mujer trabajadora, la juventud, los jornaleros y campesinos, etcétera, en una única lucha de clases contra el capitalismo y por la superación de éste construyendo una formación socioeconómica donde la propiedad de los medios de producción sea social y donde quede erradicada la explotación del hombre por el hombre, es decir, el socialismo. 

Por ello, hoy más que nunca se hace necesario en el estado español el reagrupamiento y la unidad del sindicalismo de clase, tal y como definimos en la reunión de la FSM celebrada el pasado día 10 de julio en Madrid, y en la que estuvo presente el compañero George Mavrikos, Secretario General de la FSM. El sindicalismo vendido y podrido de CCOO y UGT se sostiene hoy gracias al aparato del estado de los capitalistas y  porque, todavía, no hemos sido capaces de reagrupar, coordinar y progresivamente unir al sindicalismo de clase y combativo en un único bloque sindical, en una única fuerza compactada en base a los principios clasistas, al internacionalismo proletario, antiimperialista y antifascista. Hoy más que nunca es una necesidad vital esta unidad del sindicalismo de clase. Nosotros trabajamos y luchamos para conseguirlo. Hoy más que nunca está viva y vigente la proclama de Carlos Marx que dice “¡Proletarios de todos los países, uníos!”.  

¡POR LA UNIDAD DEL SINDICALISMO DE CLASE EN EL ESTADO ESPAÑOL!

¡VIVA EL INTERNACIONALISMO PROLETARIO!

¡VIVA EL PRIMERO DE MAYO!

Estado español, 1 de Mayo de 2019

Comité del estado español de la Federación Sindical Mundial (FSM)